Nueva York. Parte II.

El segundo día estaba reservado para la visita al Museo Metropolitan (MET). Como abre prontito, y ya saben de mi afición al madrugón, allí que estaba haciendo fila antes de que abrieran. Eso me dio la oportunidad de ver Nueva York sin tanta gente ni barullo.

El MET requiere de una explicación aparte. Un gran museo que incluye Pintura, Arquitectura, Historia y magníficas exposiciones temporales. A mí particularmente me seduce mucho la Historia Antigua, así que pasé más tiempo en el Area de Egipto y Mesopotamia.

Algo que me sorprendió fue encontrar dos salas enormes dedicadas a España. Más bien, con piezas españolas. Y aunque el hecho de que se encuentren allí permite que mucha gente pueda admirarlas, no pude evitar sentir mucha emoción y pena. Emoción por la belleza y el Arte en sí. Pena, porque muchas veces no valoramos  el Arte y la Historia de lo que tenemos en nuestras ciudades, hasta que lo vemos perdido en otros lugares.

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Esta sala está dedicada a escultura medieval y eclesiástica, y al entrar y ver la reja del Coro de la Catedral de Valladolid, la Virgen y las banderas, … se encoge el corazón. Les prometo contarles otro día cómo llegó aquí esta reja.

Y entre la Sala de los Leones Alados de Babilonia, multitud de obras de Picasso, Goya, Van Gogh, El Greco, … llegué casi a la hora de comer. Es entrar en un museo y pierdo la noción del tiempo.

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Mi intención era visitar la otra sección de este museo, los Cloisters. Pero me recomendaron no ir sola a esa zona, así que hice caso y cambié la ruta. Aproveché para bajar por Central Park a la Quinta Avenida, y como era un día laborable, no estaba atestado de gente.

Podríamos llamar a la Quinta Avenida la Calle de la Opulencia. La desaparecida juguetería FAO, Cartier, la Torre Trump (tan de moda estos días) y a un “pasito” el Rockefeller Center.

Allí encontramos el archifamoso Radio City Music Hall, donde han actuado figuras como Frank Sinatra, Ella FitzGerald, Stevie Wonder, José Carreras, Eurythmics o Celine Dion. Y también una de las grandes atracciones neoyorquinas: el Top of the Rock. Llevaba la tarjeta New York Pass, que incluye la entrada, pero aún así hay que coger cita. El portero de la atracción me recomendó la hora, para ver las vistas por el día y por la noche. Eso sí, debí ir más abrigada, porque luego pasaría bastante frío en las alturas.

Las vistas son simplemente ESPECTACULARES. Hay que estar allí un par de horillas para disfrutarlas con tranquilidad. Les pongo algunas fotos para que vean el ocaso en Nueva York y a una servidora.

Y hasta aquí el segundo día en la City. Ya ven que, bien aprovechados, los días dan para mucho.

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