FLORENCIA: GRANDES PALACIOS Y PEQUEÑOS TESOROS.

Y tocaba recorrer los palacios florentinos. Todas las grandes familias poseían un Palacio en el centro de la ciudad repleto de obras de arte. Así que tras marcarlos en el mapa, me lancé a la aventura:

Palazzo Pitti.  Era la residencia de la familia Pitti que lo construyó a las afueras de la ciudad, cruzando el río Arno, para gozar de maravillosos jardines (hoy los Jardines del Bóboli). Querían rivalizar con el Palacio de la familia Médici, pero tras una mala racha económica, acabaron vendiéndolo a sus rivales. Los Médici lo reformaron y convirtieron en su residencia durante 200 años. Fueron ellos finalmente los que construyeron los bellísimos jardines que ansiaba la familia Pitti, y que recuerdan a la escalinata del Palacio de La Granja en Madrid (éstos últimos más grandes y de mejor calidad si me permiten opinar).

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El Palacio guarda una inmensa cantidad de arte pictórico y escultórico, y varios museos: Arte Moderno, Joyas y Museo del Traje. No pude evitar perderme en una exposición de moda del s. XX, donde pude admirar a Valentino, Lanvin, Galliano, …

Palacio Médici- Ricardi. Este pequeño Palacio, el primero de la familia Médici, fue una de las sorpresas que esperas encontrar en cada viaje. No es muy famoso, y queda eclipsado por los demás monumentos de la ciudad, pero su Capilla bien vale una misa (como diría Enrique de Navarra). Gozzoli realizó al fresco en esta capilla la procesión de los Reyes Magos, retratando a miembros de la familia Médici en el cortejo. La Capilla es tan pequeña que sólo caben 3 personas.

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Palacio Strozzi. Menos impresionante que el anterior, pero con una gran entrada. Hoy es sede de dos asociaciones científicas.

Palacio Vecchio. En el lateral de la fotografiada Plaza de la Signoria, flanqueado por el David (recuerden que es una copia), Perseo (de Cellini) y el Rapto de las Sabinas, se encuentra el Palacio Vecchio.

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Fue la segunda residencia de la familia Médici, tras el Palacio Médici-Ricardi y antes del Palacio Pitti. Deben visitarlo al completo, pero quedaran eclipsados en el Salón del Cinquecento, adornado por Vasari, y realizado para acomodar a los 500 miembros de la Asamblea de Florencia. Son las seis enormes pinturas que lo decoran lo que hace que deban sentarse a admirar este espacio.

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Algunos de ustedes lo recordaran por ser escenario de una preciosa persecución en la película Inferno. Tom Hanks y Felicity Jones corriendo por las vigas del techo…

Y vistos los Palacios, faltaban los Tesoros , pequeñas joyas dispersas por la ciudad que ningún turista debe perderse a pesar de ser poco conocidas.

Capilla Brancacci. Se encuentra en el barrio de Oltrarno, cerca del Palacio Pitti, en la Iglesia Santa María del Carmen. Los frescos de Masaccio, de 1.426, y finalizados por Lippi son Imprescindibles.

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A veces, el Arte perdura por un golpe de suerte… Esta iglesia ardió en 1.771. Fue la única capilla que se salvó del incendio.

Basílica del Santo Espíritu. También en el barrio de Oltrarno, entre el Palacio Pitti y la Iglesia Santa María del Carmen. Fue diseñada por Brunelleschi, aunque nunca se decoró la fachada y el exterior no resulta muy atractivo. Sin embargo, este templo guarda dos tesoros. El refectorio, con frescos de Bernadino Pocceti y un crucifijo de Miguel Angel.

Miguel Angel se refugió en este templo a los 17 años, cuando aún era un convento, tras la muerte de Lorenzo el Magnífico, su mecenas. Este convento regentaba un Hospital, por lo que Miguel Angel pudo hacer estudios anatómicos de sus cadáveres, algo prohibido por la propia Iglesia (¿recuerdan los dibujos de Leonardo da Vinci? ¿Saben que Leonardo y Miguel Angel coincidieron en Florencia durante 3 años? ¿Intercambiarían conocimientos anatómicos?). En agradecimiento al Convento, esculpió un crucifijo para el altar del templo.

Miguel Angel, Capilla Sixtina, secretos sixtinos, DHT, otro renacimiento,

En la actualidad, no se pueden realizar fotografías. La he tomado prestada de otro blog http://www.losdivulgadores.com, cuyo artículo “El código Miguel Angel” recomiendo leer si les gustan las curiosidades de sus obras.

Y con estas visitas acabamos hoy… pero no este viaje, que aún nos falta descubrir la Toscana.

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