VIAJE SOLIDARIO A NEPAL. PARTE II.

A pesar de ser un viaje solidario, creo que también hay que aprovechar para conocer todo lo que el lugar puede ofrecer. Cultura y Naturaleza me permiten comprender y disfrutar aún más de esta experiencia. Aproveché un par de mañanas para visitar de nuevo algunos lugares que ya había visitado en mi viaje anterior. La plaza Durbar Square de Katmandú y Bhaktapur, a unos kilómetros de la capital.

Si la primera vez me encantaron ambos lugares, esta segunda vez encontré las consecuencias del terrible terremoto del 25 de abril de 2015… Algunos edificios derrumbados y apuntalados (cubiertos de obreros restauradores) y una escasa cantidad de turistas. Nepal es un país con una población amable y muy formada (la mayoría de los jóvenes son bilingües), sumado a la inmensa riqueza cultural y natural, Everest incluido.. Es impactante cómo ha cambiado en unos años; de ser un paraíso turístico a encontrarme las plazas prácticamente vacías… y eso que su encanto no ha desaparecido.

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¡Cómo podemos estar perdiéndonos ese encanto! Increíbles monumentos y lugares que han dejado de ser visitados… Así se sacan fotos maravillosas, pero desde aquí les animo a visitar este país… nos estamos perdiendo una auténtica Maravilla.

Durbar Square. La plaza Durbar de Katmandú.

Es la plaza central de Katmandú. Está situada frente al antiguo Palacio Real. Está compuesta también por numerosos templos, y tiene un animado ambiente comercial: decenas de comerciantes de artesanía donde pueden comprar auténticos souvenirs (nada de “Made in China”).

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Una de las diferencias entre mi primera y segunda visita es la instalación de modernas cafeterías en los alrededores, donde ya habrán supuesto que hice alguna paradita… Veo que sonríen al recordar mi afición cafetera. Me gustó que hayan respetado el recinto de la plaza y que las zonas aledañas deban mantener las fachadas sin modificación para no romper con el espíritu que tenía cuando se construyó.

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Cerca de la plaza, pero dentro del recinto, podemos observar el Palacio de la Kumari. La Kumari es una joven niña que se cree reencarnación de la diosa Taleju, y que es seleccionada de una forma similar a los jóvenes lamas budistas. Permanece en este Palacio hasta su pubertad, en la que lo abandona y se busca otra Kumari. En mi primer viaje podía visitarse el patio de este palacio, pero en mi segunda visita no pude pasar, por lo que les muestro fotos anteriores.

 

Al salir de la plaza, se llega rápidamente a un mercado local, y de allí al barrio de Thamel sólo hay un agradable paseo. El tramo inicial no es muy turístico, así que les encantará pasear entre tiendas de especias, calderos y pequeñas pagodas. Thamel ya es otra cosa: un barrio repleto de tiendas de ropa de trekking, pashminas y souvenirs, donde es inevitable salir con alguna bolsa.

 

Bhaktapur.

Es una ciudad situada a 13 kilómetros de Katmandú. En este segundo viaje hice mi entrada en una furgoneta-bus nepalí con decenas (muchos) de nepalíes montados. Estas furgonetas no tienen paradas fijas y se cogen a lo largo de la carretera donde el chófer va gritando cuál es su destino. Tampoco hay precio fijo sino que se negocia al subir, evidentemente más caro para turistas. En principio no tenía sitio para sentarme, pero la solidaridad femenina y mi aspecto blancuzco de turista me consiguieron 10 centímetros donde apoyarme. La gente me miraba muy curiosa, ya que los turistas suelen viajar en autobuses  o coches, y las mujeres me sonreían ya que no podíamos entendernos mucho. Pero cuando llegué a mi destino, varias le gritaron al chófer que parara y me indicaron con voces y gestos que debía salir y continuar recto por una calle. No deja de sorprenderme que, vaya donde vaya, siempre hay gente que sonríe y ayuda a una desconocida que devuelve sólo una sonrisa.

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Esta ciudad fue la más importante del valle durante siglos, ya que tenía una posición privilegiada en la ruta desde Japón al Tíbet. Estaba organizada por barrios y todos tenían una pequeña plaza con un templo, de ahí que esta ciudad tenga tanto encanto. Estos templos tienen forma de pagoda y algunos dicen que este tipo de construcción se originó aquí. Claro que también lo dicen los tibetanos y japoneses…

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Paseé por la ciudad tranquilamente, ya que el centro histórico no es muy grande. A cada recodo hay una pequeña plaza con su pagoda. La plaza principal, también llamada Durbar Square, tiene varios templos y palacios, igual que la de Katmandú, pero es mucho más amplia. Aquí encontramos, al igual que en la anterior, numerosos edificios en restauración, financiados por UNESCO y otras organizaciones.

 

 

 

 

Y paseando, me dí de bruces con una tienda de pinturas y grabados donde, curiosamente, ya había estado en mi primera vez. ¡Y volví a comprar!

La vuelta a Katmandú fué igual de curiosa. Llegué a la carretera donde me habían dejado en la mañana y … debía tener tal cara de “por favor, que alguien me ayude”, que una chica joven me preguntó dónde quería ir. Tras decírselo, ella me pidió que esperara y tras cinco minutos paró a una furgoneta, negoció el billete por mí y me empujó adentro. Un escueto “thank you so much” y una gran sonrisa es lo que devolví. Cuando viajas, muchas veces te gustaría parar a conocer más a la gente que te presta ayuda o que te guía por los lugares, pero ellos y yo seguimos nuestro camino tras el agradecimiento.

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